El es "El Señor Imperfección". Un hombre con una inteligencia, para mi, inigualable, un razonamiento singular, semejante al mío; era como un niño, en el cuerpo de un adulto al hablar. Sus rasgos familiares, me colocaban en una zona de serenidad y me daban un abrazo paternal.
Anoche, una noche como la de muchos Sábados, con la luna enfocándose hacia el globo; deje de ir en busca de momentos alocados, para quedarme a su lado. Me quedé con él, con el hombre que más amo, que más respeto, que más protejo.
Unos minutos, en el pequeño intento de jardín, me quede observando el astro blanco y las pequeñas chispas de luz. Entre ramas de árbol, jugaba a verla en diferentes posiciones y buscaba respuestas, en la nada. Luego, me dirigí, sin pensar, a la reunión planificada por esa fuerza irracional; tomé el lugar de la mesa que me pertenece, por rutina, y comenzó el "juego de las caretas". Él enfrente mío, con la vista debilitada, tomando entre sus dedos, el vaso lleno de agua bordo, y luego ocre; comenzó a lanzar las primeras palabras de la noche. Yo taciturna, lo observaba como una adicta al juego e intentaba comprender todo lo que él emitía, para luego lanzar mis largos párrafos al cosmos. Yo hablaba en un lenguaje que él comprendía, y yo no lo podía creer. Pero que idiota soy, como él no me iba a entender, si él era un escritor de mi libreto.
El Señor Imperfección, hablaba de historia antigua, de interrogaciones del hombre, me regalaba indicaciones, me relataba sus primeras lecturas del libreto, que le tocó. Entre botellas, puchos y música animal, me maravillaba cada vez más, al notar que eramos tan diferentes y a la vez tan iguales, que contradictorio, que irónico.
Yo era cociente de que él estaba completamente relajado conmigo, por los tragos bebidos, pero juró que no me interesaba. Veía como se distendía con cada cigarro que consumía y cada bebida que lo consumía.
Me sentí muy egoísta en ese preciso momento. Yo queriendo ser escuchada por él, mostrarle quien realmente soy, que realmente pienso, deseo; y yo sé, que eso sencillamente lo conseguiría de la forma que lo conseguí, dejando que él cayera en el placer de las drogas aceptadas por la sociedad animal. Él me decía:-" páseme otra", y yo se la pasaba, para seguir maravillandome con la situación de sentir, que a alguien le interesa quien soy, que pienso, que anhelo, sentir que por el mundo, pasó un ser que pensaba como YO.
Su andar desequilibrado, su comportamiento animal, su rutina mal dibujada, sus vicios, su historia, su todo, lo convirtió en "El Señor Imperfección". Con orgullo puedo decir, que conocí muy bien al Señor Imperfección y que a su lado medré.
Aruszsz
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