Aquélla luz, aquél sonido, que me daban la fiel señal de tu llegada a una parte de mi vida, fue la culpable de todo recuerdo. No siempre es bueno mantener una "esperanza". El que espera, desespera.
Maldita falacia, que se encuentra en el umbral, entre el inconciente y la conciencia.¿Dondé quiere estar?.
Una mirada pérdida, que anclaba en un hondo mar de sabores y colores. Mirada confusa, mentirosa, salvaje e inmadura. Poseedora de un encanto particular. Ella, fue la segunda señal de que no te hirías fácilmente como los demás. Una vieja maga, no logró llevar acabo el clásico show del escapismo. Algo que ni ella comprendía, la mantenía aferrada a ése escenario. ¡MALDITO ESCENARIO!, estaba poseído, sino ¿por qué razón, no me movería?. Misterio, oscuridad, que no comprendía, la mantenían aferrada al tiempo.¡MALDITA ADICCIÓN DE SEGUIR INTENTANDO!, ciega por elección, no se movía.
Los signos jugaban carreras, frente sus ojos, pedían a gritos ser comprendidos. Significantes inmutables, con significados construídos por un alma peculiar. Las horas, los días, el calendario entero, pasaban junto al viento, rozando sus cabellos. ¡Tonta maga!, que siempre busca, nunca se conforma y cuando intenta detenerse, la ventana del mundo le escupe en la cara.
Luego de doce meses, como el agua que pasa del estado sólido al líquido, comenzó a moverse lentamente; su alma, volvió a tener el "control de la realidad". Aquella presencia, aquél, aquélla locura de creer, a ver encontrado la diferencia, no era más que una vulgar ilución. Ahora sí, sí, ella volvería a realizar su clásica rutina de dejar a un costado toda la espera, de caminar sobre el mar y de ver más allá.