Viejo roble del camino, tus hojas siempre se agitan algo


jueves, 24 de junio de 2010

Psyche

En la ciudad, las mañanas poseen una fuerza extraña, que nos empuja, nos ciega, nos enmudece. Ojos por doquier, bocas encadenadas a la rutina, pasos acelerados, risas mudas con un sueño oculto en lo profundo del alma.
Despertar con los llamados de "doña fuerza", que prepara un delicioso café, "emitidor" de calor, logro ponerme en pie. Vestirme, controlar, soñar un poco frente a la ventana y reír, al pensar, "aún sigo aquí", son los primeros pasos de un día lleno de oportunidades de experimentar momentos irrepetibles. Antes de comenzar la marcha, salgo un rato a fuera. Observo el cielo, calculo la temperatura y abrazo al pequeño ser, que muchos llaman, "perro".
Me despido de esas almas amadas por mi ser, con gritos de alegría por el nuevo viaje al otro mundo. Mis pasos van lentamente, al compás de mis latidos, mientras mi alma intenta gozar cada uno de ellos como si fuera el último. Suspiro varias veces, antes de abrir la puerta que me separa de la locura de mi mundo familiar.
Primer mirada al frente, primer paso en calles ajenas, primer contacto con esa fuerza extraña y último sentido de pertenecía.
Observo con extrañamiento cada árbol, cada movimiento y sonido que producen. Miró el cielo y noto la presencia de colores maravillosos, que me dan la bienvenida. Ese cielo, no es igual a mi cielo, es un cielo con mayor amplitud, con mayor cantidad de almas, pero tan hermoso como el mío. El viento sacude mis cabellos, los acaricia con ternura y ayuda a liberar mi alma. Mi contacto con almas muertas, me obliga a poner un pie en su mundo. Ellas se apuran por empezar su rutina, por cerrar sus ojos, por callar sus mentes. Mientras tanto yo sencillamente pienso en dejar volar mi alma y abrir en niveles jamás alcanzados mi mente, lograr ver cada vez más allá.
Esa mañana mis ojos rompieron otro muro, un muro familiar pero distinto. Al cruzar la mirada al otro lado, vi algo que defino como "pureza" en un alma sencilla. El alma caminaba al ritmo de mis pasos, me sonreía cuando yo lo hacía y se incomodaba cuando yo lo sentía.Me maravillo, jamás había notado la presencia de algo igual, me era tan singular. Dejé de observarla por un rato, y comencé a pensar de dónde surgió, cómo llego a mi camino, por qué me es tan familiar pero extraña a la vez... tantas preguntas y ninguna respuesta. Ese alma despertó algo en mi extraño, como una especie de reencuentro.
Por momentos desaparecía, y cuando menos lo pensaba, estaba a mi lado. Comencé a notar algo en sus apariciones, ella sólo se acercaba cuando cruzaba vidrieras o alguna pared transparente como el agua. Entonces me detuve, en una de las calles de corrientes y me paré frente a una vidriera y la observé.
No lo podía creer, como había sido tan tonta, como no notarlo. Mis ojos derrumbaron esa mañana, el muro que me impedía ver mi alma...